Leganés

Se dice que el nombre de Leganés es corrupción de Leganar, que tuvo a los principios, a causa de que en el sitio en que se fundó había una laguna, donde se hacía mucho legamo. Antiguamente era aldea de Madrid, después la compró D. Diego Felipe de Guzmán, se hizo villa por el 1626”. Son palabras de Manuel Nicasio Gómez de Cuéllar, a la sazón párroco de Canillas. Su informe se encuentra en el manuscrito conservado en la Biblioteca Provincial de Toledo, brevemente denominado: Descripciones de Lorenzana.

El informante supone que dicho Leganar, Lagunar o Leganés fue fundado en el s. XIII por vecinos de antiguas poblaciones mozárabes: Butarque o Butaraque y Obera. Ellos habrían habitado tales lares ya en época visigoda y habrían permanecido durante la dominación musulmana, si bien habrá que esperar a la repoblación que tuvo lugar en esta zona tras la reconquista de Toledo por parte de Alfonso VI, en 1085, para que se pueda hablar de auténtico núcleo urbano. Pero será a finales del s. XV cuando Leganés alcance su auge con la construcción de nuestra parroquia y las distintas reformas en Leganés.

Uno de los privilegios que los soberanos españoles dieron a Madrid fue el de que sus alcaldes de la Villa y Corte tenían jurisdicción total y única en aquellos lugares comprendidos en el término de cinco leguas de distancia de Madrid. En 1625 Leganés estaba dentro de esas cinco leguas, pero en 1673, Leganés ya no está incluida. En 1657 se anotan como sacados de la jurisdicción del a Corte, entre otros, Leganés. Y el libro de Gobierno de 1673 nos permite conocer que fue el 29 de noviembre de 1630 cuando Leganés obtuvo la exención de la obligación de las cinco leguas. Solía conseguirse esta liberación que implicaba sobre todo una obligación comercial, a cambio de determinadas cantidades que aportaban a la hacienda real. No sabemos cuál fue la aportación de Leganés para conseguir dicha exención.

Por otra parte, aunque también se desconoce la fecha exacta de la institución del marquesado y señorío de Leganés, está claro que esto sucedió en época muy antigua, aunque alcanzase la categoría de villa independiente de Madrid respecto a su anterior estado de aldea. Fue don Diego de Mesía y Guzmán el primer Marqués de Leganés, inmortalizado por Van Dyck en un retrato del s. XVII. Sobrino del Conde-duque de Olivares, amigo de Rubens y Van Dyck, y gobernador de Milán de 1635 a 1641, don Diego murió el año 1655. Las fuentes dejan deducir que la organización del ayuntamiento de Leganés estaba dirigida absolutamente por su propietario, el Sr. Marqués incluso a finales del s. XVIII. Y es muy probable que hasta después de 1812, tal vez incluso hasta 1833 –año en que triunfa definitivamente la revolución liberal- Leganés no alcanzara la independencia y representatividad que le es propia.

A la historia de Leganés hay que sumar también la desaparecida Villa de Polvoranca, otro de los lugares que también estuvo incluido en la jurisdicción de las cinco leguas pero cuyo nombre no aparece ya en la lista de 1625 ni, por supuesto, en 1673. Sí aparece en 1657 entre los que se anotan como sacados de la jurisdicción y consiguió la exención el 3 de octubre de 1630, sin que podamos saber tampoco el pago que tuvo que ofrecer para obtener tal libertad. Villa de señorío, que antes fue mayorazgo del Marqués de Mondéjar, debió de ser bien grande a finales del s. XVI, pero las Descripciones de Lorenzana la presentan ya como una villa en decadencia, motivada por el paludismo desarrollado en las paradas aguas de las lagunas que la rodeaban. Y Madoz en su obra recoge la noticia de que a mediados del s. XIX es ya villa agregada al Ayuntamiento de Leganés. Su ruinoso templo parroquial fue un edificio de hermosas proporciones, de una gran unidad constructiva, y su riqueza interior era considerable en los buenos tiempos, como puede comprobarse en el inventario de 1687, conservado en nuestro Archivo Parroquial. Dedicado a san Pedro Apóstol, el templo de Polvoranca albergaba una capilla del Santísimo Sacramento en que se encontraban venerados los llamados “señores” de la Villa: los santos médicos Cosme y Damián, conocidos por ello vulgarmente como “los santos de Polvoranca”. Sus imágenes son veneradas ahora también en nuestro templo parroquial, en el actual retablo de la Soledad.